A River lo ultrajaron, pero tampoco dio la talla.
El duro comentario de Silvio Chattas en River Monumental tras la derrota de River en La Bombonera con una actuación vergonzosa del árbitro Ramírez y el VAR. Pero el equipo, tampoco estuvo a la altura y a muchos jugadores el partido les quedó grandísimo.
No me quiero quedar solamente con todo lo que dijo Lito sobre el arbitraje. Ya lo dijo, ya lo dijimos, aportando cada uno su mirada sobre lo que pasó en la cancha de Boca.A River lo ultrajaron, a River lo perjudicaron. Llegamos a La Bombonera casi que psicopateados por todo lo que se habló en la semana y viene pasando hace meses.

Llegamos cargados con un montón de situaciones no inventadas, sino vividas. Vividas desde adentro en un montón de partidos, en un sinfín de partidos contra River y en declaraciones de un lado y del otro. Sobre todo en situaciones que tienen inicio en aquel enfrentamiento eterno entre River y AFA desde el bizarro 38 a 38.
En el contexto actual River, para ganar, tiene que ser el primer River de Gallardo o el Barcelona de Guardiola. No lo dijimos ahora con la derrota consumada, lo dijimos muchísimas veces.
Dije cuando terminaba el clásico que a muchos futbolistas de River el partido les quedó gigante.
Y hasta desde el temperamento les quedó gigante, les quedó enorme. Estos partidos te elevan con el hincha, te llevan a un lugar diferente, quedás marcado, para bien o para mal, para muy bien o para muy mal. Te llevan al póster, te idolatran, te empiezan a tomar cariño, te empiezan a amar, te empiezan a arropar, como le pasó a Ponzio, por ejemplo, como le pasó a Enzo Pérez, como le pasó a un montón de futbolistas que en la época gloriosa a Boca le ganaban siempre.
A muchos jugadores de River el partido les quedó gigante.
Hasta a los Carlitos Sánchez, a los Pratto, a los Pity Martínez, a los Barovero, a los Armani. Por eso quedaron en la historia. En la historia por salir campeón de todo, en la historia por ganarle siempre a Boca. En Mendoza, en Madrid, en su cancha, en la cancha de River, en todos lados. Le ganaba siempre.

A Thiago Almada le quedó gigante el partido. A Thiaguito Almada le quedó enorme este partido.
Era un partido para que el campeón del mundo le demostrara a la gente de River por qué pagaron lo que pagaron por él. Toda esa expectativa que se generó con su llegada pasó inadvertida. Ustedes me dirán: "Y, pero River ya estaba con diez desde el arranque". ¿Y? ¿Cuántos partidos vimos que con diez jugadores te podés animar, podés jugar, podés pedirla, podés mostrarte, podés pelearte, podés enojarte, podés carajearte, podés encarar?
Le quedó enorme el partido a Martínez Cuarta, enorme, una vez más. Una vez más, una vez más como en la cancha de River, una vez más como en aquel momento como capitán (que no le daba para capitán) y que tampoco le dio para declarar tras el escandaloso penal que no le dieron en el final. Hasta salió enojado alguna vez Martínez Cuarta antes de Belgrano, en Córdoba, enojado con la prensa en ese momento. Le quedó enorme a Martínez Cuarta y hoy también.
Ramírez, el VAR y la expulsión de Martínez Quarta
Sobre su expulsión, en plena adrenalina de la cabina, le caímos. Después con la ayuda de Gonzalo Gómez que nos iba mandando imágenes desde estudios y me mandaban argumentos reglamentarios al celular, notamos que no se cumplían las cuatro situaciones de último recurso que dice el reglamento por ocasión manifiesta de gol.
Una, por lo menos no se daba, que era el control total de la pelota por parte de Merentiel o, si quieren, la cantidad de futbolistas posibles para cerrar, para evitar que sea una ocasión manifiesta de gol. Bueno, esas dos no se cumplían. Ramírez no lo iba a cobrar, no lo iba a echar a Martínez Cuarta pero lo llamaron del VAR, una vez más, de nuevo Trucco.

Y ahí ya nos resignamos con Lito porque sabemos que Ramírez siempre que va al VAR, cobra lo que le muestran en pantalla, lo que le muestran en la foto mientras le van hablando, mientras le van comiendo la cabeza. Cuando volvió a Martínez Cuarta, a los siete minutos, lo terminó echando.
Después fuimos enumerando las otras polémicas en las que no hubo VAR: un penal a Otamendi, una doble amarilla a Paredes que no se sancionó, una plancha de Blanco allá, que creo que le sacó amarilla, lo corrió para sacarle amarilla, no le sacó roja. Y podemos seguir enumerando.
El tema es cómo se sigue, qué se hace con esto. ¿Hay que volverse obsecuente? No sé, ¿como Malaspina. ¿Hay que ser como Belloso? ¿Qué hay que ser, Riquelme? ¿Hay que estar con la toallitasiempre a mano por si le transpira la nuca el Chiqui Tapia?
¿Eso hay que hacer para que, no te digo que te den, pero al menos para que no te perjudiquen tanto? ¿Eso hay que hacer? Yo creo que no. A mí no me gustan los obsecuentes, no me gusta que el poder te digite, no me gusta saber que venís acá y que te van a ultrajar, que te van a robar.
El equipo no ayudó
Pero digamos todo: el equipo no ayudó y creo que Ponzio tampoco. Un equipo frío , porque no es que por tener diez jugadores te tenés que entregar y no intentar, no dejar la vida cuando te jugás el año y enfrente está el eterno rival. Faltaba una vida para que termine el partido cuando lo echaron a MQ. Y River, se entregó.
Todos supimos entonces que era cuestión de que si Boca aceleraba lo goleaba y no lo quiso ni pudo golear, porque este Boca es un rival tan limitado como River. No es que no quiso golearlo, me rectifico, es que no le dio para golear. Y así fue pasando el tiempo de un partido que se hizo chato, amarrete, muy feo de ambos lados, desnaturalizado después de un arranque intenso del Millo.
Después, los cambios de Ponzio. Lo puso tarde a Drussi, lo puso un rato a Pereyra, después lo echaron a Montiel y a otra cosa. Y hay que bancársela ahora, ¿no? Porque los memes serán de llorones, de chilindrinas. Pero las cosas como son. ¿Te ultrajaron? Sí. Pero este equipo frío no representó, una vez más, al hincha de River ni estuvo a la altura en la cancha de Boca.